Valencia, España
En este artículo se va a analizar el impacto de la correlación entre el fenómeno creciente de la individualización de nuestras sociedades y la proliferación de formas de violencia juvenil. Manifestaciones de lo primero las tendríamos en la reivindicación de la libertad negativa, en terminología de Isaiah Berlin, y en la exaltación del cuidado del yo, entendido en este caso de un modo muy restringido. Expresiones de lo segundo las tendríamos en el fenómeno de la creación de guetos que, a su vez, se ramifica en una pluralidad de escenarios (no necesariamente vinculados a la marginación).
La tesis que se va a defender en esta contribución se concreta en la necesidad de fortalecer la dimensión moral del vínculo social, como instancia superadora de formas de organización tecnocráticas que devienen incapaces de trascender un paradigma basado en el individualismo y en el pragmatismo.
De hecho, aunque este paradigma técnico-funcional de la vida social se presenta a menudo suavizado por la revalorización de los aspectos emocionales de la vida, el énfasis en las emociones permanece en un plano puramente autorreferencial, limitado al logro del propio bienestar, despreocupado del contenido valorativo implícito en las reacciones emocionales y, por tanto, al margen de las exigencias éticas que en ellas se encuentran anunciadas.
In this article, we will analyze the impact of the correlation between the growing phenomenon of the individualization of our societies and the proliferation of forms of youth violence. Manifestations of the first are in the vindication of negative freedom, in Isaiah Berlin’s terminology, and in the exaltation of care of the self, understood in this case in a very restricted way. Expressions of the second are in the phenomenon of the creation of ghettos that, in turn, branches into a plurality of realities (not necessarily linked to marginalization).
The thesis that will be defended in this article is based on the need to strengthen the moral dimension of the social bond, as an instance that overcomes technocratic forms of organization that become incapable of transcending a paradigm based on individualism and pragmatism.
In fact, although this technical-functional paradigm of social life is often tempered by the revaluation of the emotional aspects of life, the emphasis on emotions remains on a purely self-referential level, limited to the achievement of one’s own well-being, unconcerned by the value content implicit in emotional reactions and, therefore, indifferent to the ethical demands that are disclosed in them.
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