A dos horas de la ciudad blanca, en medio de montes magníficos, existe una población llamada Jambalo. Fuimos con el grupo de estudio de tuberculosis a llevar una palabra y un gesto solidarios. No imaginábamos que la tarea en salud por hacer, fuera tan gigantesca. Lean con atención por favor; la esperanza de vida de sus habitantes es de 38 años. Muchos de nosotros ya estuviésemos muertos. Esta terrible cifra, bastaría para justificar y multiplicar nuestro esfuerzo. Quedamos asombrados y aún más, cuando en su cosmovisión la muerte es una buena amiga a quién se aguarda sin temores. Me decía allí una mujer con la que conversaba, que usualmente nosotros íbamos presuntuosos a imponerles nuestra ciencia, sin ayudarles ni a vivir bien ni a bien morir. En pueblos como ese campea de tuberculosis.
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