La educación y el empleo tienen un horizonte incierto en un futuro no muy lejano, que estará condicionado, más que nunca, por la implantación de los avances tecnológicos en las empresas. Tanto la una como el otro cambiarán sus actuales status.
Este cambio promete ser vertiginoso y de la capacidad de anticiparnos y de acertar en la adaptación dependerá el éxito de las políticas que se tomen. Inevitablemente, una condición necesaria es la colaboración e implicación de todas las instituciones que garanticen la estabilidad de las políticas. En las siguientes líneas, de forma sintética, se proponen cuatro ámbitos susceptibles de actuación: adecuación de la formación; establecimiento de nuevos niveles educativos; conexión sector educativo-sector productivo; y formación para emprender.
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