El Teatro de Sombras desde hace miles de años ha servido como una disciplina escénica y artística, pero también como vehículo para comunicarse con lo sagrado y para contar historias mágicas.
Cuando los cuerpos son proyectados en las sombras se disuelven del mundo físico y se abre una fisura con el mundo espiritual para conectar con las emociones. La proyección de nuestra sombra corporal nos ofrece un feedback que pone en duda lo real e incuestionable y nos devuelve imágenes que nos alejan de la conciencia.
Este artículo plantea mediante diferentes visiones de autores, como el Teatro de Sombras encierra un poder terapéutico al trasferir los cuerpos en su pura esencia sobre el espacio para reintegrar imágenes donde reconstruirnos, reconocernos y aceptarnos.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados