La meta de la política exterior española desde el momento mismo de la proclamación de Juan Carlos de Borbón como Jefe de Estado, es decir incluso antes de la constitución de un sistema democrático, se fija en la reincorporación del país al juego general de las relaciones internacionales. Por juego general se entiende la participación en las grandes alianzas, la solución de los contenciosos pendientes y la obtención de un lugar, adecuado a las posibilidades españolas, pero no desmerecedor entre las potencias medias de su entorno geográfico.
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