La evolución de la empresa española en los últimos 30 años ha estado ligada a los cambios de carácter social, económico y político de nuestro entorno. Se observa cierta convergencia en las características del tejido empresarial español hacia los estándares europeos si bien el tamaño continúa siendo uno de los grandes condicionantes de nuestra economía, con una escasa participación de empresas medianas y grandes que influye en un menor número de empleados por empresa, en un modelo de financiación con baja participación de la inversión privada y en unos mayores niveles de autoempleo. Se observa, no obstante, una mayor convergencia en el grado de internacionalización de las empresas que, en parte obligadas por la debilidad de la demanda interna a raíz de la crisis financiera global de 2007, han experimentado un avance significativo en su proyección exterior, con un crecimiento intenso de las exportaciones tanto a países del entorno europeo como a Asia, América del Norte o África.
Por último, también en el período más reciente de análisis, se han producido cambios en el modelo de financiación de la empresa española tendentes a un menor apalancamiento y una mayor diversificación en las fuentes de financiación que es previsible que se acentúen en el medio y largo plazo.
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