Con justa razón podríamos decir que la diferencia entre el dolor no oncológico y el oncológico se encuentra en el galeno que los trata. Ello basado en la premisa de que un dolor 10 en la Escala Visual Analógica (EVA) lo es para ambos. Sin embargo, uno de los problemas a la hora de tratarlo es el tiempo de supervivencia del paciente. Problema decimos, pues cuando pensamos que el paciente tiene una esperanza de vida menor de tres meses, como ocurre en los pacientes del Servicio de Cuidados Paliativos, no nos tiembla la mano para recetar un opioide. En cambio, cuando vamos a utilizar opioides durante largos periodos inmediatamente sopesamos los efectos colaterales que se van a presentar. Sea como fuere, siendo los opioides, como son, uno de los pilares fundamentales en nuestra lucha contra el dolor, debemos ser cautelosos con su utilización. La literatura nos invita a mirar a nuestros pacientes aquejados de dolor desde diferente puntos de vista y por ello, poner a su disposición un equipo multidisciplinario. De igual manera, nos refiere a la analgesia multimodal. Nos pide que no escatimemos esfuerzos y que no demos supuestos ni en contra ni a favor. Nos indica que cada paciente es diferente, que la norma no existe y que debemos buscar el punto intermedio entre la medicina y el veneno. Límite que por lo demás, no siempre se encuentra en la dosis. Dentro de este contexto nuevos aliados, nuevos en nuestra mirada, se presentan para su escrutinio: los cannabinoides. Este artículo pretende, con base en la evidencia recopilada (junto con algunas dosis sugeridas), compartir la forma de pensar de los autores frente a su utilización como parte del arsenal analgésico de la algología.
With fair reason we could say that the difference between non-cancer pain and oncologic pain is found in the doctor who treats them.
This is based on the premise that an EVA 10 score exists for both. However, one of the problems when it comes to treating it is the expected survival time of our patient. We say, then, when we think that the patient has a life expectancy of less than three months, as in the patients of the Palliative Care Service, we do not tremble to prescribe an opioid. On the contrary, when we are going to use opioids for long periods, we immediately weigh the side effects to which we are going to see avocados. Be that as it may, opioids –as they are–, one of the fundamental pillars in our struggle against pain, we must be cautious with its use. Literature invites us to look at our patients suffering from pain from different points of view and for that, to put at their disposal a multidisciplinary team. Likewise, it refers to multimodal analgesia. He asks us to spare no effort and not to take for granted or against or in favor. It indicates to us that each patient is different, that the norm does not exist and that we must look for the intermediate point between the dose and the poison. Limit that otherwise is not always in the dose. Within this context a new ally, new in our eyes, we find cannabinoids. This article aims, based on the evidence gathered –along with some suggested doses–, to share the way of thinking of the authors about its use as part of the analgesic arsenal of algology.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados