Egipto ha logrado convertirse, en los pocos años de presidencia de Sisi, en el país de Oriente Próximo que mejores relaciones mantiene con el resto de actores relevantes en la región, así como aumentar su influencia exterior y su contribución a la estabilidad regional. El régimen de Sisi ha seguido la política exterior más razonable para Egipto:
utilizar el peso estratégico del país para obtener contraprestaciones de ambos lados del actual sistema bipolar de potencias en Oriente Próximo, en torno a EE.UU. y Rusia. El liderazgo regional del presidente Naser durante la Guerra Fría no ha sido alcanzado todavía por el Egipto actual, centrado en su estabilidad interna y en conflictos que le afectan directamente como el libio. A medio plazo, si Egipto mantiene el equilibrio externo entre EE.UU. y Rusia, su influencia en Oriente Medio y África podría aumentar considerablemente. La otra incógnita para la influencia exterior de Egipto reside en el apoyo interno al régimen de Sisi, solo posible a largo plazo si se lleva a cabo un auténtico desarrollo socioeconómico, lo que favorecería además la moderación de la población y por tanto avances democráticos en el régimen.
Egypt has managed to become, in the few years of Sisi's presidency, the Middle East actor who maintains better relations with the rest of relevant actors in the region, increasing, as well, its external influence and its contribution to regional stability. Sisi’s regime has pursued the most reasonable foreign policy for Egypt, by using the country’s strategic weight to obtain compensations from both sides of the current bipolar power system in the Middle East, around the USA and Russia. President Nasser’s regional leadership during the Cold War is yet to be reached by today’s Egypt, focused on its internal stability and on conflicts of direct interest as in Libya. In the mid-term, if Egypt keeps the external balance between the USA and Russia, its influence in the Middle East and Africa could become considerable. The other unknown for Egypt’s external influence lies in the internal support to Sisi’s regime, only possible in the long term through an authentic socioeconomic development. This would additionally promote Egyptians’ moderation and therefore democratic progress in the regime.
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