Los test genéticos directos al consumidor tienen por objeto conocer la predisposición a padecer enfermedades comunes de origen multifactorial. Tal y como se ofrecen constituyen un reclamo cuya calidad y utilidad no ha sido probada, ya que, en muchos casos, no predicen el desarrollo de la enfermedad ni su gravedad. Objeciones tales como la falta de información y de consejo genético, el impacto en el individuo y en su familia, la agresiva publicidad y el riesgo de estigmatización justifican la adopción de cautelas y el sometimiento a unos estrictos estándares éticos y jurídicos.
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