El presente escrito se realiza sin poder salir aún de la tristeza generada por haber acertado, en un altísimo porcentaje, sobre los diversos aspectos comentados en la especie de premonición que se adelantó en el editorial del año pasado. Y es que, tal y como se había presagiado, el año 2017 ha resultado ser el año más duro que haya enfrentado nuestra revista, al punto que por primera vez se dejó de publicar con la puntualidad característica de Avances en Química el número 2 del volumen 12, correspondiente al año 2017. Para tratar de remendar un poco el capote, al final del año se fusionaron en un único número (2- 3) los números correspondientes a los cuatrimestres mayo/agosto (número 2) y septiembre/diciembre (número 3), lo cual no se sabe qué consecuencias pudiera arrojar sobre la permanencia de la revista en algunos de los prestigiosos índices académicos en los cuales está referenciada. También es importante advertir que el 2018 ha iniciado para nuestra revista con una peor proyección que la del año anterior, que es decir bastante, lo que obviamente causa mucha desazón. En este sentido, se ha perdido prácticamente el principal equipo de computación de la revista con pocas perspectivas de recuperación a corto plazo. Si bien no hay que asustarse, el temblor que nos sacude no podemos impedirlo.
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