Del mítico Caligari al popular Anibal Lecter, la locura ha provisto de personajes y trufado de motivos los argumentos cinematográficos más variopintos.
La industria cinematográfica también ha creado su propia clasificación de los trastornos mentales, pero su meta no ha sido aquilatar el diagnóstico, sino contar historias que atrapen al espectador.
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