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Jesús de Nazaret es una de las figuras más importantes de la historia de la humanidad. Pese a ello, resulta irónico que en la investigación bíblica, que cuenta con una tradición de más de dos siglos, el evangelio que presuntamente contaría con un conocimiento de primera mano de la vida de Jesús, ha sido totalmente denigrado como ahistórico y dejado al margen en la búsqueda del Jesús histórico. Ello, por supuesto, se explica porque el evangelio de Juan es distinto a los sinópticos, además de teológico en su intencionalidad. Sin embargo, el cuarto evangelio es, a su vez, el más terrenal de todos, y el que cuenta con mayor constatación a través de evidencias arqueológicas. Juan contiene más referencias empíricas (en el sentido de sensoriales), más referencias topográficas y más elementos arqueológicamente contrastados que los otros evangelios juntos, ya sean canónicos o no. Este es un hecho contrastable que provoca una cierta controversia con las teorías tradicionales sobre el carácter, origen e implicaciones de Juan, puesto que cabe entenderlo mejor como un “evangelio terrenal”. Una espléndida ilustración de Milek Jakubiec reconstruyendo el juicio de Jesús en el praetorium de Jerusalén y un mapa de la ciudad con los principales espacios que visitó Jesús durante la etapa final de su ministerio, completan el artículo.
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