La úlcera péptica consiste en una pérdida de sustancia en la capa mucosa que puede extenderse a la submucosa e incluso a la capa muscular y que afecta a zonas del aparato digestivo que están en contacto con el ácido clorhídrico, mayoritariamente en el estómago y en el intestino proximal (duodeno), generalmente como resultado de la ruptura del equilibrio entre la secreción ácida gástrica y los correspondientes mecanismos de defensa de la mucosa. Las complicaciones de la úlcera gastroduodenal en orden de frecuencia son hemorragia, penetración, perforación y estenosis. Son las auténticas responsables de la morbimortalidad asociada a esta patología. Las estrategias de gastroprotección y las terapias erradicadoras de la infección por ‘Helicobacter pylori’ han reducido de forma significativa su incidencia, en relación a la observada hace décadas. La etiología de la úlcera gastroduodenal está asociada a varios factores, aunque los dos más frecuentes son la infección por ‘Helicobacter pylori’ y el consumo de AINE. El tratamiento tiene como finalidad suprimir la actividad ulcerosa durante las crisis, la erradicación del ‘H. pylori’, la cicatrización de la úlcera y el control de la enfermedad a largo plazo, para evitar las recidivas y las complicaciones, especialmente de la úlcera duodenal. Debido a que la úlcera péptica es un proceso crónico con alto riesgo de complicaciones, el tratamiento está encaminado, por una parte, a reducir la morbimortalidad y, por otra, a conseguir la normalización de la calidad de vida del paciente. Básicamente, las funciones asistenciales del farmacéutico comunitario consisten en proporcionar información sobre la úlcera péptica y su tratamiento, ayudar a reconducir a posibles pacientes al médico para obtener un diagnóstico preciso y, en su caso, el tratamiento pertinente, y realizar un seguimiento farmacoterapéutico específico
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