Es sumamente extensa la literatura que trata sobre las llamadas “reformaseclesiásticas” que experimentó el espacio iberoamericano desde mediados delsiglo XVIII a las décadas centrales del siglo XIX. El interés que concitaron estastransformaciones está más que justificado: en ese período el vastísimo espaciogobernado por las coronas portuguesa y española transitó de las formas de autoridad de Antiguo Régimen al surgimiento de los Estados-nación (casi todosrepublicanos). En lo que a nuestro tema concierne, ello supuso un necesario replanteo del lugar que la Iglesia y la religión católicas ocuparían en las nuevas naciones. No sorprende entonces que las interpretaciones que se han ofrecido sobre las reformas eclesiásticas compartan los supuestos más generales con que en diferentes momentos y desde distintas perspectivas se intentó analizar el tránsito de Iberoamérica hacia la modernidad. Como se viene insistiendo hace ya unos cuantos años, repensar ese tránsito en el plano eclesiástico y religioso significa replantear paradigmas clásicos de lo que se suele denominar “secularización”.
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