A lo largo de agostó, superándose a sí misma, la interminable saga de la familia real británica exoneró de sus habituales apariciones al monstruo del lago Ness y otras serpientes de verano. Si ya estábamos acostumbrados a que el cuento de hadas del 81 pasara a ser una comedia de enredos (y alcobas), lo que nunca podíamos esperar es que esta comedia se convirtiese, el último día de las vacaciones masivas, en tragedia inspiradora de una gigantesca celebración fúnebre pluriclasista y multiétnica.
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