Felipe VI ha abandonado el perfil bajo que venía practicando desde su proclamación en una jugada arriesgada. Como la de los actores políticos que han apostado por la línea dura frente al desafío secesionista en Cataluña, la popularidad del Rey se ha visto recompensada en el resto de España con su discurso del 3 de octubre. La Monarquía necesitaba un revulsivo para tratar de demostrar su utilidad, condición indispensable para tratar de garantizar su supervivencia, y el resultado inmediato ha sido el esperado. Sin embargo, en el camino ha dejado algunas bajas significativas que ahora trata de recuperar.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados