Ya la primera época de la conciencia del paisaje presentó ambigüedades significativas. Se aspiraba, en efecto, a un ideal –representado por la literatura, la pintura (la Edad de oro) y los jardines (con su intemporal programa de raigambre neoplatónica)–, pero a la vez se iniciaba el proceso de su deconstrucción. De algún modo, en el énfasis en las ruinas y lo efímero, se presentía lo que estaba por llegar. Y es que el paisaje, con su eterno movimiento estacional y su insistencia en lo procesual, nunca pudo instalarse tranquilamente en ninguna utopía total. Desde luego, no resulta extraño que, además de apostar por las estéticas de lo feo y lo fragmentario, el arte contemporáneo del paisaje haya girado siempre en torno al tiempo y la fugacidad.
A historical overview of the awareness of landscape reveals that it has been a largely ambiguous field from the very beginning, when the sought-after ideal – embodied by literature, art (the Golden Age), and gardens (with their timeless Neoplatonist-influenced agenda) – was already subject to a process of deconstruction. The period’s emphasis on ruins and the ephemeral can be read as a sign of what was to come – landscape, with its eternal movement through the seasons and its insistence on processes, has never settled on a single, all-encompassing utopia. It is not surprising, therefore, that aside from embracing the aesthetics of the ugly and the fragmentary, contemporary landscape art has always centred on time and transience.
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