Dirigir el Museo Picasso podría parecer, a ojo de buen cubero, tarea fácil. El malagueño universal es un imán. Colas de turistas en la gótica y umbría calle Montcada. Inmediata resonancia mediática de cada exposición temporal. Al conductor de esa nave repleta de obras geniales se le piden más cosas que mantener el piloto automático. ¿Qué más se puede exponer, explicar, aportar sobre Picasso? He aquí el detalle
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