Madrid, España
La consolidación del catolicismo frente al arrianismo como religión oficial de la monarquía de los visigodos en Hispania en el último cuarto del siglo VI –gracias al aldabonazo que supuso el III Congreso de Toledo del año 589– trajo consigo que la Iglesia hispana expandiera sus “espacios de poder”, tanto en el ámbito urbano como en el rural, pero especialmente en el primero. Esto se refleja en las construcciones más importantes de la arquitectura cristiana de entonces: por un lado el episcopium, el conjunto episcopal, dotado de viviendas y espacios cultuales. Será entonces cuando los complejos episcopales hispanos consolidarán ámbitos representativos, muchos de ellos, surgidos – según informan las actas conciliares– en los siglos III-V pero también en los siglos VI y VII. Por otro lado, los monasteria et coenobia, (los “poblados espirituales”, también dotados de espacios habitacionales y de espacios eclesiales) que en la segunda mitad de la sexta centuria también iniciaron su expansión por el mundo rural, con el auxilio episcopal y privado, e implantaron un nuevo tipo de hábitat que en algunas ocasiones fue menos dependiente del señor y más ligado a la tierra y a la búsqueda de la autosuficiencia y supervivencia.
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