Barcelona, España
Tras la batalla de Borodinó, llegó el momento de atender a los heridos. A pesar de los esfuerzos de Dominique-Jean Larrey, cirujano jefe de la Grande Armée, el número de soldados que precisaban atención superó todas las previsiones y desbordó la capacidad de los servicios de ambulancias volantes. Además, a causa de las deficiencias logísticas, si en Smolensko Larrey ya había tenido que improvisar apósitos con los viejos pergaminos de los monasterios, ahora se empleaban tiras confeccionadas con las ropas de los soldados. Durante la retirada de Moscú, heridos y enfermos quedaron a merced del enemigo y fueron pocos los que sobrevivieron. Médicos y cirujanos hicieron todo lo posible por salvar vidas y recibieron la ayuda de los soldados, que los acondicionaban junto a los fuegos en los vivaques y compartían con ellos su comida. 19 de los 43 oficiales médicos superiores de la Grande Armée que cayeron durante las Guerras Napoleónicas, un 46%, lo hicieron en Rusia.
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