Era un día soleado típico del Caribe. Trabajadores, estudiantes de todos los niveles de enseñanza, maestros y profesores, familias enteras unidas a lo largo de las calles principales desde el aeropuerto de La Habana en una fila que a los ojos de niños y niñas, parecía no tener fin. Los adultos repetían una y otra vez “Allende, Allende Cuba te defiende!” Los más pequeños entonces no entendíamos de qué ni de quiénes había que defender a ese hombre y a su pueblo pero el vigor revolucionario era tan contagioso que se sumaban las voces infantiles a las de los adultos en entusiasmo febril. De repente comenzaron a pasar muchos autos y en uno de ellos dos hombres de pié, el líder histórico de la Revolución Cubana acompañado de un señor con espejuelos grandes y una sonrisa amplia y nos saludaba a todos como si nos conociera desde hacía mucho tiempo, era Salvador Allende.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados