Las bibliotecas, entendidas como prestamistas de contenidos, como conservadoras de grandes colecciones, están desapareciendo. Los que las conocen creen que tienen que echar abajo algunas de las estanterías, poner sillas y mesas, un mobiliario adaptable y moderno y que sus bibliotecarios salgan a la calle a contarlo, que sean capaces de conocer y atraer las necesidades culturales e informativas de una sociedad nueva que quiere organizar su información, que quiere crear y sentirse parte de su comunidad.
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