Las correspondencias entre el universo pictórico de Edward Hopper y la narración construida de Alfred Hitchcock en La ventana indiscreta (Rear Window, 1954) superan lo estético y se explican en una clara voluntad de explorar las relaciones entre el arte y el espectador. Este artículo indaga en las ventanas, físicas y simbólicas, como espacios fronterizos pensados para observar desde fuera. Alejados del relato cinematográfico y del marco plástico, todos somos voyeurs obligados a mirar.
The correspondences between Edward Hopper’s pictorial universe and Alfred Hitchcock’s constructed narrative in Rear Window (1954) surpass the aesthetic and account for a clear will to explore the relationships between art and the spectator. This article investigates windows, both physical and symbolic, as frontiers designed to observe from the outside. Drawn away of the film story and the pictorial frame, we are all voyeurs forced to look.
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