En 1894, el crítico de arte Gustave Geffroy escribió en la revista "La vie artistique" un artículo en el que mencionaba a las "tres damas del Impresionismo". Mary Cassatt, Berthe Morisot y Marie Bracquemond eran las tres pintoras que se habían hecho un hueco en el mundo artístico de París y se habían colado en las filas de los entonces revolucionarios pintores impresionistas. Con su talento con el pincel, demostraron que las mujeres podían crear grandes obras de arte y no solo plantearse la pintura como un entretenimiento más con el que pasar las largas horas de ocio de las damas decimonónicas. Ellas demostraron que eran capaces de vivir de su genio artístico.
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