En los siglos XVI y XVII Europa había desarrollado un gusto por los extraños fenómenos de naturaleza o portentos humanos. Prueba de ello es que la Corte de los Austrias de la época se plagara de este tipo de personajes peculiares - bufones, locos, enanos - Estos, en algunos casos, llegaron incluso a convertirse en verdaderos asesores reales.
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