El 10 de diciembre de 1917 el maestro herrero de Cieza, Ángel Gil Molina, conseguía patente de invención por “un nuevo aparato para la construcción de herraduras”. Artefacto que probó y perfeccionó para curvar las pletinas de acero en caliente, construyendo así las herraduras necesarias para abastecer a una ciudad con parada de sementales. El análisis de la patente que nos ocupa y el trabajo de su inventor nos permiten conocer más a fondo la historia de los maestros herradores y albéitares. Oficios ennoblecidos por los Reyes Católicos y necesarios para mantener y mejorar las condiciones de trabajo y sanidad de los animales de tiro y transporte.
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