El procés es un fenómeno que todo lo abarca. Porque en sí mismo es una prioridad en la agenda política y porque ha contaminado todo cuanto incumbe a las Administraciones central y catalana. Los atentados de Barcelona y Cambrils han enfrentado al ministro y al conseller de Interior a cuenta del intercambio de información; el titular de Hacienda ha amenazado con cortar el grifo del FLA a la Generalitat si advierte que los fondos se destinan al referéndum; a la huelga del Prat se le ha querido buscar el sesgo independentista, y la cuestión territorial pesa más que la afinidad ideológica entre el PP y el PDeCAT en cada tramitación parlamentaria.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados