El abuso sexual infantil es una experiencia traumática que genera en la víctima modelos cognitivos y afectivos sobre el mundo, sobre sí misma y sobre las relaciones con los demás que va a tener que hacer conscientes y aprender a manejar el resto de su vida. Este proceso solo será posible si cuenta con un entorno que le acompañe, que no niegue el abuso ni tampoco condene a la persona como enferma o loca. En este artículo se desarrollan estos esquemas internalizados, así como las falsas creencias sobre el proceso de recuperación. Propone además las pautas clave para un acompañamiento emocional a la víctima a lo largo de toda su vida.
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