La adopción se ha movido en España en los últimos años hacia una mayor apertura, tanto en los perfiles de los niños como en la configuración de la comunicación y el contacto entre los protagonistas. Del mismo modo que la adopción ha seguido un camino de apertura, también a las familias que se ofrecen a adoptar se les pide que hagan un proceso de apertura, del deseo de ser, como todos los demás, padres de un niño como todos los demás, al proyecto de ser padres adoptivos de un niño diferente de ellos y con una historia de riesgo. Este proceso de apertura y aceptación es la condición para convertir al adoptado en hijo en toda su extensión y hacer efectivo su derecho a vivir en familia.
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