A menudo se dice que vivimos en una democracia demoscópica. El caso es que medir los estados de opinión, muy especialmente cuando se quiere predecir el resultado de un proceso electoral, va generando un cuerpo de atribuciones de voto, porcentajes y previsibilidad. El quehacer demoscópico cada vez parece más complejo y depende de una verdad de factores que a menudo generan impredecibilidad
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