Como no podía ser menos, las comunidades cristianas que por distintas razones se han separado de la comunión con la Iglesia de Roma, a lo largo de los siglos han mantenido en su liturgia el papel sobresaliente que, según ha quedado señalado en los primeros artículos de este número, ha tenido la Palabra de Dios en la liturgia desde los comienzos del cristianismo. Y tal vez sea el moderno pentecostalismo el que más se aleje del paradigma general, pues la presencia de la Palabra de Dios, que impregna sin duda todas las celebraciones, no tiene un momento propio de proclamación que esté claramente regulado.
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