Una ingente cantidad de carros y carretas, así como de bueyes, acémilas, pollinos y personas, recorrieron las diferentes rutas mercuriales que unieron el cerco de Buitrones, en Almadén, con las Reales Atarazanas de Sevilla. Los lazos comerciales que se establecieron entre ambas poblaciones a lo largo de toda la Edad Moderna y gran parte del periodo contemporáneo se basaron en el azogue. Éste era un metal indispensable en tierras de Nueva España para el proceso metalúrgico del oro y la plata (especialmente de esta última); de tal forma que, si no llegaba o lo hacía tarde, difícilmente o con retraso se recibían los ansiados metales preciosos en la Hacienda hispánica. Sobre la complejidad que suponía dicho transporte y el análisis de las distintas rutas comerciales que enlazaban las tierras calatravas y béticas; de la importancia de los contratos ratificados parar su envío y entrega junto al arenal sevillano (del que puede ser magnífico ejemplo la década de 1771-1780); sobre la gestión, recepción y gastos que en las atarazanas se abonaban; o del papel decisivo que tuvieron los mayordomos de Buitrones y los comisarios de empaques de Sevilla versarán estas líneas.
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