A punto de cumplirse los tres años de la abdicación de Juan Carlos I, la Corona empieza a reabrir sus puertas a la infanta Cristina, desterrada desde su primera imputación en el caso Nóos y bienvenida ahora que han pasado tres meses de su exoneración de cualquier responsabilidad penal a pesar del tiempo que necesitarán ella y su hermano el Rey para curar las heridas, abiertas aún en la celebración de la Primera Comunión de la infanta Sofía, donde la exduquesa de Palma ha sido la gran ausente. El coste personal que el asunto representa para el monarca es consecuencia de la serie de medidas que asumió tras aterrizar en un trono al que llegó dispuesto a salvar. A tenor de las encuestas, una mayoría de españoles le dan su aprobado. Tiene suerte de que, tras la experiencia vivida en Zarzuela, al monarca ya no se le juzga tanto por su empatía como por su gestión.
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