Con cada promoción, llega un momento en el que tenemos que iniciar nuestros rituales de despedida facilitando el paso de los niños y las niñas al centro de educación primaria. Ellos lo viven como el tránsito de una edad infantil a otra ya de niñez. Saben que es una de las señales de su crecimiento, aunque tienen sentimientos ambivalentes: por un lado se saben cómodos y felices en la escuela infantil, pero al tiempo quieren vivir la experiencia de ir al centro de los «grandes», aceptando incluso la pérdida de los privilegios de los que aquí gozan en aras de ser mayores.
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