En Madrid, a principio de los 50, hubo un reducido grupo de arquitectos que, exaltados por haber sobrevivido a la guerra y con la sensación de empezar de cero, desoyeron las consignas escurialenses y, aprovechando la febril actividad de la reconstrucción, arrancaron con la que hoy llamamos la historia de la arquitectura moderna española. Su proximidad ideológica y generacional no dio, sin embargo, una arquitectura tan homogénea como para ser considerada una escuela. Algunos miembros de esa generación de arquitectos que concluyeron su formación después de la Guerra Civil, en torno a 1940, como Aburto, Cabrero, Fernández del Amo, Fisac y de la Sota, hoy son reconocidos, estudiados y considerados parte imprescindible del embrión de la arquitectura moderna española. Sin embargo, estas figuras de primera línea, a menudo han ensombrecido a otras que, no siendo menos importantes por su aportación y contribución al dietario arquitectónico, han permanecido en la sombra o incluso al margen, en la periferia.
Santiago Lagunas Mayandía (1912-1998) es uno de los arquitectos y pintores aragoneses más importantes de su tiempo, con realizaciones y proyección de ámbito nacional. Esta ponencia tiene como finalidad dar a conocer una de sus últimas obras que es hoy en día apenas conocida. Un hecho que se repite con tantos otros profesionales brillantes que se han concentrado en su quehacer, sin preocuparse demasiado en divulgar su trabajo.
Santiago Lagunas, conocido principalmente por ser el pionero de la pintura abstracta en España, se posiciona conscientemente en una situación de frontera, entre los límites, circunstancia especialmente relevante y sugerente, que queda plasmada en la mayor parte de sus obras. Entre la pintura y la arquitectura, Lagunas deja al descubierto en la obra elegida, la Residencia de Estudiantes “Don Bosco”, de 1969, las claves esenciales de su arquitectura de madurez.
En terrenos situados en el límite del núcleo urbano, al borde de la carretera nacional, el edificio se articula resolviendo con acierto las alineaciones impuestas y abriéndose hacia los amplios campos de deporte, organizándose gracias a la sucesión de patios abiertos al Este que introducen color y calidez tanto en los espacios principales como en los de tránsito.
Esta obra permite leer matices de un planteamiento de aproximación entre lo moderno y el expresionismo de los materiales, que es una constante en su producción arquitectónica, como prolongación de su pintura, estableciendo relaciones entre su obra plástica y la construcción del espacio. El gresite, el pavés o las vidrieras, de múltiples colores, avivan los volúmenes de ladrillo y mampostería.
La residencia de estudiantes Don Bosco es la obra del arquitecto zaragozano donde con un lenguaje arquitectónico reconocido como moderno, conjuga y manifiesta su peculiar forma de entender la arquitectura llena de forma y color, fruto de la síntesis de una larga trayectoria, olvidada en el silencio de la periferia.
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