Tras la invasión alemana de la Unión soviética, el Reino Unido propuso el 22 de junio su “cooperación de todas las maneras posibles”, en palabras del primer ministro británico, al Gobierno soviético. Por su parte, el presidente Roosevelt también declaró el 24 de junio su apoyo a la potencia invadida y sugirió que asistiría a los soviéticos en lo que necesitaran. A la hora de evaluar el resultado real de la ayuda hay que tener en cuenta que los materiales estratégicos, maquinaria y equipo recibidos tuvieron un papel mucho más importante a la hora de reforzar al Ejército Rojo que el equipo militar propiamente dicho, pues consiguieron compensar la insuficiencia –o en algunos casos la total ausencia– de productos y materias primas vitales para la producción de guerra soviética.
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