La derrota de Iñigo Errejón en Vistalegre II ha radicalizado el pulso de Pablo Iglesias con unos grandes medios nacionales que apostaron fuerte por las posiciones del ya exsecretario político. De un lado, las grandes cabeceras han añadido a sus denuncias sobre el secretario general unas supuestas coacciones a varios periodistas. Del otro, Iglesias y los suyos, que han demostrado tener la piel demasiado fina ante informaciones adversas, han aprovechado para reabrir el debate sobre el funcionamiento de los grandes grupos mediáticos. Una guerra que se produce cuando el partido morado, tras la salida de Errejón de la portavocía y del equipo que le acompañaba, está redefiniendo su discurso para enviar nuevos mensajes a su electorado.
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