Una lectura a través del tiempo nos indica que la mayoría de los seres humanos no disfrutamos de la noción de capacidad decisoria entendida como concepto de libertad. Entendida de este modo, la capacidad se refiere a las combinaciones de distintos funcionamientos entre los que las personas pueden elegir; en este caso, la clase de vida política que se quiere llevar. Precisamente, este incompleto artículo, se refiere a la pérdida de esta capacidad decisoria que hemos dejado abandonada en manos de los “lacayos del poder” al servicio de la política. Como veremos, esta condición no es nueva. Aristófanes, Maquiavelo, Larra, Habermas, Orwell o Dario Fo, entre otros muchos, han tratado este comportamiento político, evidenciando que los gobernantes de cada época hicieron de su evangelio la hipocresía, creando estados fallidos que han sido heredados gracias a los estómagos agradecidos al servicio del poder de la sempiterna y pretenciosa clase política. Quizás tengamos que alejarnos de la codicia, desconfiando de sus pretensiones, para conseguir, otra vez, si alguna vez la tuvimos, esa capacidad de libertad para decidir sin limitaciones sociales impuestas. Sin duda, para este cometido tenemos que pedir ayuda a la cultura, eso sí participando de nuestras propias enseñanzas, no de las de ellos. Nunca es tarde para empezar de nuevo.
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