El tema de las víctimas es recurrente actualmente en teología. En el número anterior (ST 154, 2000, 118-124) Ch. Duquoc exponía cómo la memoria de las víctimas tiene exigencias éticas y un trasfondo teológico. Pues la pasión de Jesús nos invita a una auténtica reconciliación, que no implica pura y simplemente el olvido del pasado, sino el reconocimiento por parte de los culpables de las injusticias cometidas con las víctimas. El planteamiento del presente artículo es estrictamente teológico. Toma como punto de partida de la reflexión teoló- gica la «Shoah» (holocausto). Se trata de una manera seria y profunda de responder a una pregunta inquietante: ¿Cómo hacer teología después de Auschwitz?
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