El miedo manda. Manda ciertamente en lo político, conduciéndonos a un totalitarismo democrático. Y manda mucho más en lo laboral, terreno en el que un capitalismo sin máscaras utiliza el permanente chantaje y la amenaza como ataque a las condiciones económicas y laborales de los trabajadores. Muestra de ello es la deriva de la negociación colectiva entre una patronal superagresiva y unos sindicatos dóciles, también ellos gestores del miedo.
Parece que los y las trabajadoras tenemos algo que perder. La pregunta es cuánto y hasta dónde.
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