Al principio se creía que las restauraciones dentales producían irritación gingival mecánicamente por su forma irregular o por la rugosidad de sus márgenes, y químicamente por disolución de los materiales de restauración. También se creía que los cálculos eran irritantes por su rugosidad. Sin embargo más tarde se demostró que la irritación era causada por toxinas bacterianas producidas por restos retenidos en las porosidades. La gingivitis se puede producir incluso sin depósito de cálculos, cuando la placa bacteriana se retiene junto al tejido. Actualmente se considera que cualquier factor que favorezca la retención de restos o de placa puede contribuir a la irritación gingival.
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