El autor considera la fe de Pedro como figura de la fe de los cristianos.
Se centra en dos episodios: el del miedo de Pedro al andar sobre las aguas y el de las negaciones de Pedro en la pasión de Jesús, después de encendidas protestas de fidelidad. Los cristianos, a menudo zarandeados entre la fe y la duda, podemos aprender a no desfallecer, esperando que la gracia puede triunfar sobre nuestras dudas por el poder del Señor resucitado.
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