Barcelona, España
Días después de la derrota romana en el bosque de Teutoburgo a manos de Arminio, un mensajero se presentaba ante Augusto para informarle de la aniquilación de las legiones XVII, XVIII y XIX, y con ella la destrucción de todas las guarniciones romanas situadas más allá de la frontera del Rin inferior y el fracaso de los esfuerzos realizados desde las campañas de Druso y Tiberio. Suetonio explicará que el viejo emperador calificó la fecha de la derrota de Varo como un día nefasto y recorrió los pasillos de su palacio con aspecto dejado y sumido en la desesperación, golpeándose la cabeza contra las paredes mientras exclamaba: Quinctili Vare, legiones redde! (“¡Quinctilio Varo, devuélveme mis legiones!”).
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