Tácito señala que Arminio atacó a la columna de marcha romana con guerreros selectos. Es probable que se tratase de su séquito personal. Y es que la autoridad de un líder se medía por su carisma, bravura, éxito militar y tamaño de su séquito. Si el príncipe o líder triunfaba en la guerra podría mantener un mayor séquito, en tanto estos exigían armas, caballos y otros bienes a cambio de su servicio. De este modo, muchos guerreros acudían a ponerse al servicio de líderes y príncipes victoriosos, aunque no pertenecieran a su etnia o tribu, y les prestaban juramento de fidelidad. Estos séquitos formaban verdaderos ejércitos permanentes incluso en tiempos de paz, periodo durante el cual los guerreros se dedicaban a cazar y celebrar banquetes. Su tamaño podía variar entre un par de docenas hasta cientos de guerreros.
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