La difusión y el arraigo del cristianismo en el mundo antiguo es un fenónemo histórico que plantea numerosos interrogantes. Los historiadores, en efecto, se preguntan cómo es posible que el movimiento iniciado por Jesús de Nazaret en un remota región del Imperio romano llegará a convertirse en poco tiempo en la religión mayoritaria de dicho imperio. Este ensayo se centra en uno de los mucho factores que contribuyeron a esta rápida y duradera difusión del cristianismo: la configuración de un estilo de vida inspirado en las enseñanzas y en la praxis de Jesús.
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