En sus comienzos, Bell fue un investigador y vivió siempre con el dilema «¿por qué se puede y por qué no?». Tenía la característica única de preguntar a todo el mundo la forma de entender un problema: los que pensaban que sabían la respuesta, le respondían sin dudarlo, pero él planteaba siempre un método alternativo y la pregunta «¿por qué no?»; y a los que no la sabían (a veces estudiantes de Odontología o Medicina y residentes) les dejaba con la duda («¿por qué se puede?») para que tuvieran que investigar y obtuvieran una respuesta para la próxima ocasión.
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