Argentina
A partir de la distinción que realiza Todorov entre “comunicación interhumana” y “comunicación con el mundo” este ensayo se propone reflexionar sobre las consecuencias ecológicas que se derivan de privilegiar sólo uno de esos aspectos de la comunicación. En ese sentido, se considera que nuestra cultura occidental tiene serias dificultades a la hora de relacionarse de una manera no instrumental con el ambiente, ya que no puede reconocerlo como un interlocutor válido. De esa imposibilidad, surge la “naturaleza” como ajena al ser humano, es decir, como un “otro-recurso” que está allí para ser apropiado, explotado, y cuyo único valor reconocido (la satisfacción de necesidades humanas) le resulta ajeno. De esta manera, y siguiendo a Adorno y Horkheimer, se propone la idea de que el proceso de desconocimiento del otro humano funciona de manera similar al proceso de desconocimiento del otro en tanto que mundo natural no-humano, de allí que al restringirse el espacio de la comunicación, se restringen de manera análoga las posibilidades de repensar críticamente la crisis ambiental.
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