El legado de la Ilustración choca frontalmente con el efecto actual del análisis posmarxista en que el lector es un consumidor de consignas utópicas y no un crítico del orden social. La crítica del dogma se aleja del insufrible peso de los doctrinarios y de la insoportable levedad de los mediocres. Como dijo Lord Bolingbrooke, la historia no es más que filosofía enseñada mediante ejemplos
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