A mediados del mes de enero, la Autoridad Irlandesa de Seguridad Alimentaria (FSAI) notificaba que había encontrado ADN de caballo y cerdo en productos de carne etiquetados como exclusivamente de vacuno, distribuidos en varios supermercados de las islas Británicas. En alguno de los productos cárnicos, los análisis indicaban una presencia de carne de caballo superior al 25%. La alarma desatada tras esta aparición, se ha ido extendiendo como una mancha de aceite por toda Europa salpicando todo tipo de industrias, incluso multinacionales de la alimentación que a su pesar, globalizan la confusión
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