El poder es una de las mayores fascinaciones humanas, quizás la borrachera más embriagante que persona alguna puede experimentar. Nada parece igual en los poderosos, las sensaciones que experimentan se magnifican hasta extremos que, a los simples mortales, nos resultan inaccesibles.
Ni el sexo, ni la soledad, ni la conciencia de uno mismo, ni el placer de asustar, ni el miedo a la muerte... Todo aumenta y la vida se convierte en otra cosa cuando alguien goza del poder absoluto. Esto lo sabe muy bien el escritor peruano Mario Vargas Llosa, que nos ha regalado el último dictador de novela.
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